Contestaria, rebelde, disruptiva, desafiante, Manuela Saenz y Aízpuru, conocida por el imaginario colectivo con el eufemismo de "la amante del libertador" siempre ha estado a la sombra de este.
Si eliminamos ese eufemismo de amante, queda el mensaje escueto de lo que la iglesia y la sociedad socarronas de la época - y no han cambiado nada - pensaba de ella; "la puta que se revolcaba con Bolivar y dejo al marido tirado en Quito"
Una mujer que fue pieza clave en el proceso de independencia de nuestros países, una mujer que fue coronela del ejército libertador, una mujer que fue expulsada de Colombia a Haití en 1834 y que cuando regreso a Ecuador, su tierra natal, que se había separado de la Gran Colombia, tambien fue expulsada al llegar a Guayaquil en un acto de inconstitucionalidad originado por el miedo que infundia en los gobernantes corruptos, expulsada del Ecuador por medio de un decreto, que al uno leerlo queda asombrado de lo estúpido que puede llegar a ser el ser humano... Y el decreto decía Así:
"Por el carácter, talentos, vicios, ambición y prostitución de Manuela Saenz, debe hacérsele salir de territorio ecuatoriano para evitar que AVIVE LA LLAMA REVOLUCIONARIA"
En su diario quedo consignado un diálogo que sostuvo con una de sus esclavas - ya libre - en el cual le dice a ella, hablando de su expulsión del Ecuador:
"Y fíjate Juana Rosa, el único que no me dijo puta en público fue el ingles, mi marido... Así era de frio y aburrido"
La casaca militar que usaba era roja, su temperamento y carácter fuertes las asociamos al rojo y esta representada en nuestra cerveza roja, una Belgian Red Strong Ale.
Por Valentina Ceballos